Nombrar, escuchar y proteger también es reconocer derechos

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Comunicado de PsicoNarrar

En PsicoNarrar creemos, de manera profunda y firme, que las palabras importan. ¿Qué pasa cuando dejamos de nombrar? No porque una palabra, por sí sola, transforme una realidad, sino porque la manera en que una institución nombra a las personas también expresa qué diferencias reconoce, qué experiencias hace visibles y a quiénes considera dentro de su mirada. Por eso defendemos una protección infantil con enfoque de género que sea coherente, consciente y verdaderamente transformadora.

El debate necesario alrededor del lenguaje institucional del ICBF

Nos preocupa el debate reciente alrededor del lenguaje institucional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y, particularmente, la sustitución o reducción de la referencia explícita a las niñas en favor de categorías generales como «niñez» o «niños y adolescentes». Se trata de una discusión urgente, porque el lenguaje institucional no es un detalle menor: es una herramienta poderosa que orienta políticas, prioridades y recursos.

Reconocemos que «niñez» es una categoría legítima que puede incluir tanto a niños como a niñas, y no cuestionamos su uso cuando resulta pertinente. Nuestra preocupación aparece cuando una categoría general termina reemplazando, de forma sistemática, la posibilidad de nombrar diferencias que sí son relevantes y decisivas para garantizar derechos.

Nombrar la diferencia no es crear jerarquía

Niñas y niños comparten derechos fundamentales, pero no necesariamente viven las mismas experiencias. Las violencias basadas en género, la violencia sexual, la explotación, los estereotipos y otras formas de desigualdad pueden afectarles de maneras profundamente diferenciadas. Ignorar esas diferencias no es neutralidad: es, muchas veces, invisibilidad.

Por eso, nombrar a las niñas no es excluir a los niños. Hacer visible una diferencia no significa establecer una jerarquía; significa reconocer, con honestidad y responsabilidad, realidades que exigen respuestas específicas.

También nos preocupa, de manera especial, la discusión alrededor de expresiones como «Resistencia Chiquita». Es legítimo que una institución estatal se pregunte cómo garantizar que niños, niñas y adolescentes no sean instrumentalizados por intereses políticos o adultos; esa protección es indispensable. Pero proteger no puede significar asumir que las niñas y los niños carecen de capacidad para construir y expresar sus propios relatos sobre aquello que viven.

Escuchar sin instrumentalizar: el reto de la participación infantil

La participación infantil no debería depender de que las opiniones de niños y niñas coincidan con las de los adultos que los escuchan. Escuchar a la infancia implica aceptar, con valentía, que puede tener voz propia, incluso cuando esa voz resulte incómoda.

Desde una perspectiva de derechos y desde nuestra experiencia clínica en psicología narrativa, consideramos fundamental distinguir entre instrumentalizar una voz y reconocerla. Una cosa es que los adultos utilicen a niños y niñas para defender sus propias posiciones. Otra muy diferente —y mucho más valiosa— es que una niña pueda hablar de las violencias que ha vivido, cuestionar aquello que considera injusto, crear, organizarse con otras niñas y participar activamente en las conversaciones que afectan su vida. Ambas cosas requieren respuestas adultas responsables, pero no son lo mismo, y confundirlas tiene consecuencias reales.

Nuestro compromiso con una protección infantil con enfoque de género

En PsicoNarrar creemos que las niñas y los niños no son únicamente sujetos que debemos proteger: también son sujetos plenos de derechos, de participación y de palabra. Por eso defendemos, de forma decidida, una institucionalidad capaz de:

  • nombrar las diferencias cuando estas importan;
  • reconocer las experiencias particulares de niñas y niños;
  • incorporar el enfoque de género cuando las realidades lo requieren;
  • garantizar espacios seguros y reales de participación infantil;
  • proteger a niños, niñas y adolescentes de cualquier forma de instrumentalización;
  • y, al mismo tiempo, escuchar sus voces sin decidir de antemano qué pueden decir.

Porque proteger no debería significar callar, y escuchar tampoco debería significar utilizar. Se trata de algo más difícil y, sin duda, más necesario: acompañar, reconocer y permitir que quienes viven las historias también puedan participar activamente en la manera en que esas historias son contadas.

En PsicoNarrar creemos que cada persona es una historia en construcción. También las niñas. Y una institución comprometida con protegerlas debería garantizar, de manera clara y contundente, que esas historias puedan ser nombradas, escuchadas y reconocidas.


PsicoNarrar Cada persona es una historia en construcción.

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