Therian e identidad: una mirada desde la psicología al malestar cultural contemporáneo

Identidad therian Figura simbólica con alas y máscara de lobo sobre una montaña al amanecer, rodeada de animales salvajes, representación de identidad y construcción simbólica.
La identidad no siempre se explica desde la literalidad: a veces es una forma simbólica de habitar el malestar contemporáneo. (Imagen generada con IA).

El llamado fenómeno de identidad therian ha comenzado a ocupar un lugar cada vez más visible en redes sociales, medios de comunicación e incluso discusiones profesionales dentro del campo de la salud mental. Videos, memes y debates intentan responder rápidamente a una pregunta que parece urgente: ¿qué debería hacer un psicólogo si una persona que se identifica como animal llega a consulta?Sin embargo, esta pregunta, aunque llamativa, puede estar mal planteada.

Identidad simbólica y salud mental

Hasta el momento, no existe evidencia clínica que permita hablar del therianismo como una patología en sí misma. La identidad, incluso cuando adopta formas que pueden resultar extrañas para el entorno social, no constituye automáticamente un problema de salud mental.Muchas de estas personas no afirman ser literalmente animales, sino que construyen una representación simbólica de sí mismas a partir de ciertas características que encuentran en ellos: formas de vincularse, maneras de reaccionar ante el entorno o incluso ideales de conducta. Esta forma de construcción identitaria puede funcionar como una narrativa que permite organizar la experiencia subjetiva frente al malestar contemporáneo.Como psicólogos, no trabajamos para modificar la identidad de una persona, sino para comprender cómo esta se articula con su subjetividad, su historia y sus recursos de regulación emocional.

¿Qué haría un psicólogo en consulta?

La pregunta entonces no debería ser si alguien es o no therian, sino por qué ha decidido consultar.En este sentido, la pertinencia clínica no radica en intervenir sobre la identidad declarada, sino en atender el malestar que pueda estar atravesando la persona: duelos, síntomas depresivos, ansiedad, conflictos vinculares o dificultades asociadas a una crisis social más amplia.Identificarse simbólicamente con un animal puede ser una forma de tramitar experiencias difíciles, de generar sentido o incluso de pertenecer a una comunidad que ofrezca reconocimiento frente a un entorno percibido como hostil.

Cultura, pertenencia y malestar social

Este tipo de identificaciones no son nuevas. A lo largo de la historia, distintas culturas han desarrollado sistemas totémicos en los que los animales encarnan virtudes aspiracionales: fuerza, sigilo, resistencia o adaptabilidad.Hoy, en un contexto atravesado por múltiples formas de malestar social, no resulta extraño que algunas personas recurran a estas figuras como modos de organizar su experiencia. Al igual que sucede cuando se hacen chistes sobre situaciones dolorosas, ciertas expresiones culturales permiten diluir o hacer más llevaderas realidades difíciles de procesar directamente.En este sentido, el therianismo puede entenderse como un fenómeno cultural que ofrece recursos simbólicos para enfrentar exigencias que, para muchos, resultan abrumadoras.

Tribus urbanas y pánico moral


No es la primera vez que una expresión cultural juvenil es recibida con alarma social. Movimientos como el punk, el hippismo o el emo fueron asociados en su momento a conductas autodestructivas, ideación suicida o desviación moral.
Este tipo de respuestas suelen estar atravesadas por lo que se ha denominado pánico moral: procesos sociales en los que determinados grupos o prácticas son percibidos como amenazas al orden establecido, independientemente de la evidencia empírica disponible.
La viralización de estos discursos contribuye a reforzar asociaciones simplistas entre pertenencia cultural y patología, dificultando una lectura más compleja del fenómeno.

Fenómenos virales y agenda mediática, más allá de la identidad therian

El lugar que ocupa actualmente el therianismo en la conversación pública también invita a preguntarnos por los mecanismos de la agenda mediática. ¿Por qué ciertos temas adquieren tanta visibilidad mientras otros, relacionados con problemáticas socioeconómicas o políticas más estructurales, permanecen en segundo plano?La atención masiva sobre determinados comportamientos puede funcionar como una cortina que desplaza el debate hacia aspectos llamativos pero menos relevantes desde el punto de vista estructural.

Porque cuando algo cultural se convierte en escándalo masivo, casi siempre está cumpliendo otra función. Y tal vez el verdadero debate no sea si alguien quiere ser lobo o gato, sino por qué ser humano hoy resulta cada vez más difícil de sostener.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *